Thursday, August 11, 2005


Nunca lo supo e imagino que nunca lo sabrá.

Hace tiempo tenía, poseía, por lo tanto era escuchado quizás por que es consciente de ello ya no sonríe, le cuesta.
Sus ojos son diminutos, agudos, interrogantes y no pocas veces se deslizan buscando belleza, esa que no se compra, que ahí está para ser contemplada, gratis, y navega por un mar limpio, un mar que pocos ven.
Su cabeza bulle. Alguna vez siente entusiasmo, breve como un amén y trata de atraparlo, pero se le escapa.
Escribía versos, de esos que cuando otros los leen los hacen suyos, por que son universales, sentimientos comunes; los dibujaba en servilletas de papel, los regalaba.
Ahora solo los piensa y, en momento de euforia se lo recita a un amigo imaginario, pues amigos de los que escuchan versos ya no le quedan.
Con frecuencia se queda absorto y da la vuelta al mundo, no entiende nada; solo sabe que así chirría, que cruje y mucho.
Dice sentirse incómodo, que aquí no tiene espacio, no consume convulsivamente, no pretende dominar, no entró en la era digital, no es contemplador deportivo, no impone su verdad.
Le gustaría que los genéricos farmacéuticos llegasen a todos los rincones que visita cuando se queda absorto, a todos.
No puede asimilar que lo imaginado por unos, desarrollado por otros y realizado por quien sabe, no resulte contemplado como patrimonio de la humanidad.
No tiene nada, nada es y a pesar de eso sigue creando poemas, de esos universales.